#recomendaciones2017

“Una casa para el abuelo” de Grassa Toro e Isidro Ferrer. 

«Ese era el sitio que buscábamos. Muy cerca de un pueblo rodeado de girasoles».
Una historia donde se representa el ciclo de la vida, de manera muy sutil. Con imágenes de Isidro Ferrer que llaman mucho la atención y complementan en el relato, de manera metafórica y simplificada, lo que a todos nos sucederá en algún momento.
El recuerdo, la memoria de los que queremos y ya no están, el pasado y el presente que posibilita la construcción del futuro. Este cuento narra con una naturalidad casi nihilista, la muerte como parte de la vida.
Un libro interesante para acompañar en la lectura de los más pequeños y que los más grandes disfrutarán sacando sus propias conclusiones.
La muerte tratada como parte intrínseca de la vida y sin dramatismos. Es un libro álbum muy completo que permite tratar un tema difícil de manera simple que nos permitirá explorar y pensar “cada uno a su manera”, como dice el libro en algún momento.
La cantidad de premios que obtuvo este libro es sin duda la confirmación más legítima de que es necesario hablar de ciertas cosas con nuestros niños sin tapujos con libertad.

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#recomendaciones2017
“Un hoyo es para escarbar – Un primer libro de primeras definiciones” de Ruth Krauss Ilustrado por Maurice Sendak

IMG_1091Este es un libro que nos sorprenderá por su sencillez y profundidad. Una tras otras leemos definiciones de objetos cotidianos, palabras conocidas que son devueltas con tal simpleza que nos hacen pensar una y otra vez porque nadie antes nos había dicho la verdad sobre todas esas cosas.
Los perros sirven para querernos, las manos para agarrarse, los hermanos mayores para ayudarnos. Con ilustraciones blanco y negro, como trazos de un lápiz que dibuja a la vez que cuenta la historia. La mirada va y viene de la imagen a la palabra como un subibaja enloquecido para no perderse detalle.

 

Recomendado para Primeros y Pre Lectores. Un libro que invita inmediatamente a pensar nuestras propias definiciones del mundo y las cosas en él.

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#recomendaciones2017

#recomendaciones2017

“Hojas sobre la almohada” de Natalia Méndez e ilustraciones de Fernando Calvi. Colección Cabalo Rayo de Ediciones Abran Cancha.

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Un libro de poesía sobre los libros, las palabras, la poesía que cuenta historias que nos hacen dormir o soñar o salir a jugar entre hormigas, pájaros, elefantes y tacitas rotas.
Poesías sobre las bibliotecas y lo que hacen los libros cuando nadie los está mirando o leyendo. 
Porque las palabras, como las personas, también se mojan y tienen miedo, les crecen alas para volar y semillan mientras los libros hechan raíces infinitas.
Poesías con las que cualquier lector puede identificarse, porque dicen de la lectura como un viaje, un deseo, un sueño que puede acurrucarse en la palma de la mano o quedarse dormido junto a nosotros, hojas de poesía en la almohada.
Con una apuesta estética diferente a doble tinta, las ilustraciones que acompañan a los poemas son sugerentes y divertidas. Dibujos para armar y desarmar una y otra vez mientras se los observa. Parecen jugar de la mano de las palabras que se van pronunciando y les hacen cosquillas en la página.
Súper recomendado para Primeros Lectores y Lectores en Desarrollo. Muy interesante para leer en la escuela, poesías llenas de palabras que cobran vida, vuelan, brillan, laten o desaparecen.

#recomendaciones2017

#recomendaciones2017

Colección de libros en cartoné de Ojoreja y Pehuén Editores, Chile.
“Casamiento en la cocina”, “A mover los pies” y nuestro favorito “Rueda ovillo de lana” de Didi Grau y Natalia Colombo. IMG_1076
Libros con rima pícara e inteligente, que invitan a jugar juntos a los más pequeños. Tres libros donde palabras conocidas nos sorprenden contándonos historias nuevas y divertidas. Escritos en imprenta mayúscula son ideales para los que se están animando a leer solitos, con bellísimas ilustraciones llenar de color para invitar a los no lectores a jugar e imaginar.
Súper recomendado para pre y primeros lectores, pero seguramente también se engancharan los más grandes de la familia.

#recomendaciones2017

#Recomendaciones2017

“El hombre que pisó su sombra y Mi animalito” de Gustavo Roldán. Ilustraciones de Eleonora Arroyo
Dos poemas clásicos del gran escritor para niños  Gustavo Roldán en una reedición de Loqueleo pensada especialmente para Primeros Lectores. Escrito en imprenta mayúscula con ilustraciones a todo color página plena súper divertidas.
La primera una historia sin fin del hombre que pisó su sombra y…
Y luego un niño nos cuenta cómo es su “animalito” y las cosas que le gusta hacer con el.
Un libro hermoso para compartir los pasos de los que se animan a leer solitos, para leer y volver a leer juntos.

 

LA PLAPLA de María Elena Walsh

LA PLAPLA de María Elena Walsh

FELIPITO TACATÚN ESTABA HACIENDO LOS DEBERES. INCLINADO SOBRE EL CUADERNO Y SACANDO UN POQUITO LA LENGUA, ESCRIBÍA ENRULADAS “EMES”, OREJUDAS “ELES” Y ELEGANTÍSIMAS “ZETAS”.
DE PRONTO VIO ALGO MUY RARO SOBRE EL PAPEL.

–¿QUÉ ES ESTO?, SE PREGUNTÓ FELIPITO, QUE ERA UN POCO MIOPE, Y SE PUSO UN PAR DE ANTEOJOS.
UNA DE LAS LETRAS QUE HABÍA ESCRITO SE DESPATARRABA TODA Y SE PONÍA A CAMINAR MUY ORONDA POR EL CUADERNO.

FELIPITO NO LO PODÍA CREER, Y SIN EMBARGO ERA CIERTO: LA LETRA, COMO UNA ARAÑA DE TINTA, PATINABA MUY CONTENTA POR LA PÁGINA.

FELIPITO SE PUSO OTRO PAR DE ANTEOJOS PARA MIRARLA MEJOR.
CUANDO LA HUBO MIRADO BIEN, CERRÓ EL CUADERNO ASUSTADO Y OYÓ UNA VOCECITA QUE DECÍA:
–¡AY!

VOLVIÓ A ABRIR EL CUADERNO VALIENTEMENTE Y SE PUSO OTRO PAR DE ANTEOJOS Y YA VAN TRES.
PEGANDO LA NARIZ AL PAPEL PREGUNTÓ:
–¿QUIÉN ES USTED SEÑORITA?

Y LA LETRA CAMINADORA CONTESTÓ:
–SOY UNA PLAPLA.

–¿UNA PLAPLA?, PREGUNTÓ FELIPITO ASUSTADÍSIMO, ¿QUÉ ES ESO?

–¿NO ACABO DE DECIRTE? UNA PLAPLA SOY YO.

–PERO LA MAESTRA NUNCA ME DIJO QUE EXISTIERA UNA LETRA LLAMADA PLAPLA, Y MUCHO MENOS QUE CAMINARA POR EL CUADERNO.

–AHORA YA LO SABES. HAS ESCRITO UNA PLAPLA.

–¿Y QUÉ HAGO CON LA PLAPLA?

–MIRARLA.

–SÍ, LA ESTOY MIRANDO PERO… ¿Y DESPUÉS?

–DESPUÉS, NADA.

Y LA PLAPLA SIGUIÓ PATINANDO SOBRE EL CUADERNO MIENTRAS CANTABA UN VALS CON SU VOZ CHIQUITA Y DE TINTA.

AL DÍA SIGUIENTE, FELIPITO CORRIÓ A MOSTRARLE EL CUADERNO A LA MAESTRA, GRITANDO ENTUSIASMADO:
–¡SEÑORITA, MIRE LA PLAPLA, MIRE LA PLAPLA!

LA MAESTRA CREYÓ QUE FELIPITO SE HABÍA VUELTO LOCO.
PERO NO.
ABRIÓ EL CUADERNO, Y ALLÍ ESTABA LA PLAPLA BAILANDO Y PATINANDO POR LA PÁGINA Y JUGANDO A LA RAYUELA CON LOS RENGLONES.

COMO PODRÁN IMAGINARSE, LA PLAPLA CAUSÓ MUCHO REVUELO EN EL COLEGIO.
ESE DÍA NADIE ESTUDIÓ.
TODO EL MUNDO, POR RIGUROSO TURNO, DESDE EL PORTERO HASTA LOS NENES DE PRIMER GRADO, SE DEDICARON A CONTEMPLAR A LA PLAPLA.
TAN GRANDE FUE EL BOCHINCHE Y LA FALTA DE ESTUDIO, QUE DESDE ESE DÍA LA PLAPLA NO FIGURA EN EL ABECEDARIO.
CADA VEZ QUE UN CHICO, POR CASUALIDAD, IGUAL QUE FELIPITO, ESCRIBE UNA PLAPLA CANTANTE Y PATINADORA LA MAESTRA LA GUARDA EN UNA CAJITA Y CUIDA MUY BIEN DE QUE NADIE SE ENTERE.

QUÉ LE VAMOS A HACER, ASÍ ES LA VIDA.
LAS LETRAS NO HAN SIDO HECHAS PARA BAILAR, SINO PARA QUEDARSE QUIETAS UNA AL LADO DE LA OTRA, ¿NO?
FIN

Fuente: http://tra62.blogspot.com.ar/

Cuento gigante- Elsa Bornermann

Cuento gigante- Elsa Bornermann

(Basado en el poema “El gigante de ojos azules” de Nazim Hikmet)puro agujero
Existió una vez un hombre con el corazón tan grande, tan desmesuradamente grande, que su cuerpo debió crecer muchísimo para contenerlo. Así fue como se trasformó en un gigante. Este gigante se llamaba Bruno y vivía junto al mar. La playa era el patio de su casa; y el mar, su bañadera. Cada vez que las olas lo encerraban en su abrazo desflecado de agua salada, Bruno era feliz.
Por un instante dejaba de ver playa y cielo: su cuerpo era un enorme pez con malla dejándose arrastrar hacia la orilla.
La estación del año que más quería Bruno era el verano. En ella, su patio playero (solo y callado durante el resto del año) volvía a ser visitado por los turistas y a llenarse de kioscos. Entonces, también Bruno se sentía menos solo.
El primer día de un verano cualquiera, Bruno conoció a Leila.
El gigante acababa de salir del mar y caminaba distraído. Sus enormes huellas quedaban dibujadas en la arena. De tanto en tanto, Bruno volvía su rizada cabeza para verlas.
De pronto, otros pies, unos pies pequeñísimos, empezaron a pisarlas una por una…
Eran los pies de Leila, una mujercita, apenas más grande que sus propias huellas.
Bruno se detuvo asombrado:
-¿No me tienes miedo?– le preguntó, doblando la cintura.
Leila (larga trenza castaña rematada en un moño) simuló no escucharlo.
Bruno se le acercó un poquito:
-¿Eres sorda acaso? Te he preguntado si no tienes miedo…- y el aliento del gigante hizo agitar las cortaderas de las dunas.
La mujercita se rió:
-No, ¿por qué habría de temerte? Eres tan hermoso… La belleza no puedo hacer daño…
Bruno se estremeció:
-¿Hermoso yo?
-Sí, eres hermoso. Me encanta el metro de azul que tienes en cada ojo…
El segundo día de aquel verano, Bruno se enamoró de Leila.
-¿Quieres casarte conmigo? -se animó a preguntarle, quebrando la timidez por primera vez en su vida.
-Sí –Le contestó ella-. Quiero casarme contigo… – y se alejó saltando.
El tercer día del verano, no bien la siesta se despertó, Bruno corrió hacia el mismo lugar del encuentro, buscando la larga trenza castaña.
Y la encontró, muy ocupada, juntando almejas en un balde.
-¡Hola, Leila! –le dijo después de mirarla unos segundos en silencio.
-¿Que tal, Bruno? –le respondió ella. Esa tarde, y hasta que terminó el verano, el gigante y la mujercita se encontraron en la playa todos los días.
El último día de las vacaciones, Bruno la tomó de la mano y la llevó (con los ojos cerrados) a conocer la casa que él mismo había construido frente al mar.
-Puedes abrir los ojos, Leila – le dijo, (tras caminar un largo trecho por la playa). Esta será nuestra casa; aquí viviremos cuando nos casemos… Y el corazón de Bruno hizo agitar su camisa tanto o más que el viento…
Lo primero que vio Leila fue el zócalo que le llegaba hasta las rodillas…
Después miró la puerta, de la que ni siquiera podía alcanzar el picaporte…
Finalmente echó su cabecita hacia atrás y la contempló entera… Una gigant4esca casa de piedra ocupó su atención durante media hora: el tiempo necesario para verla de frente, con sus pequeños ojos.
Puerta de madera, tallada con extraños arabescos…
Ventanales con vidrios azules…
Una cúpula allá, en lo alto, tan lejos de la playa… tan cerca de las nubes…
-¡No me gusta! (le gritó Leila de repente con su vocecita chillona). ¡No me gusta!
-Pero si todavía no la has visto por dentro… -dijo el gigante un poco triste… y, tomándola en brazos, franqueó la entrada y llevó a Leila hacia el interior de la casa.
No bien pisaron la alfombra del vestíbulo, Leila protestó:
-¿Y esas escaleras? ¿Para qué tantas escaleras? ¿No hay ascensor en esta casa? ¿Piensas que me la voy a pasar el día subiendo las escaleras?
-Pero por esta escalera podrás alcanzar el verano… (le explicó Bruno tartamudeando). Esta otra te llevará a la terraza… Desde allí miraremos ahogarse el sol en el mar todos los atardeceres… Aquella sube hasta la noche de Reyes… Podrás poner tus zapatos cada vez que lo desees… Esa llega a un jardín de aire libre… Allí tendrás todo el que quieras para llenarte las manos… Esa es otra…
-¡No, no y no y réqueteno! (exclamó Leila pataleando) ¡No me gusta esta casa! Yo quiero una casita chica, bien chiquitita, con cortinas de cretona y macetitas con malvones…
-Pero allí no cabría yo… (gimió Bruno). No cabría…
-Podrías sacar la cabeza por la chimenea (aseguró Leila, furiosa) y desenrollar tu barba por el tejado… y estirar los brazos a través de las ventanas… y deslizar una de tus piernas por la puerta y doblar la otra… y…
No… Bruno era un gigante. Y esa mujercita no sabía que el corazón de un gigante no cabe en una casa chiquitita… Un gigante hace todas las cosas “en gigante”… Hasta sus sueños son gigantes… Hasta su amor es gigante… No caben en casas chiquititas… No caben….
Adiós Bruno (le dijo entonces) no puedo casarme contigo y, dando varios saltitos, desapareció de su lado.
A la semana siguiente se casó con un hombrecito de su misma altura, y desde entonces vive contenta en una casita de la ciudad, con cortinas de cretona y macetas repletas de malvones.
¿Y Bruno? Pues Bruno sigue allá, junto al mar.
Sabe que cualquier otro verano encontrará una mujercita capaz de entender que su corazón gigante necesita mucho espacio para latir feliz.
Y con ella estrenará (entonces) todas las escaleras de la casa de piedra…
Y con ella bailará en la cúpula, al compás de la música marina…
Y con ella tocará (alguna noche) la piel helada de las estrellas…

Cuento de Elsa Bornemann, del libro: “Un elefante ocupa mucho espacio”
Si quieren leer el poema original vean acá

Fuente: El laberinto Secreto